HomeExchange cuenta con 400 000 miembros y oportunidades para experimentar unas vacaciones diferentes. En este artículo hemos querido rendirle homenaje a nuestros miembros, a sus gestos y pequeñas atenciones que hacen que el intercambio de casas sea único.

Carole cuenta: “Cuando llegamos a la casa de intercambio, cerca de Bruselas, había una tarta de ruibarbo riquísima esperándonos” Ann, cuando hace de anfitriona nos comenta: “Cuando hay niños siempre dejo un regalito”.

Estos pequeños detalles son frecuentes en los intercambios de casas. Bombones, platos típicos locales, guías turísticas: todos pequeños gestos que hacen que la llegada a la casa de intercambio sea más acogedora.

Crear un vínculo con nuestros invitados, recibirlos como si fueran amigos o familia sólo por el placer de que se sientan como en casa forma parte de la filosofía de HomeExchange. Para facilitarle la estancia a sus invitados, Ann, como la mayoría de vosotros, siempre deja los productos básicos (leche, azúcar, sal, aceite, etc). Por simple que pueda parecer, este gesto ayuda a que las familias se sientan cómodas desde la primera comida. De hecho, en una encuesta on-line el 100% de los abonados afirman que dejan estos productos a disposición de sus invitados (incluso en los intercambios con GuestPoints la filosofía es la misma). Sin embargo, todos están de acuerdo en lo mismo: “si se termina algún producto, el invitado debe reponerlo por educación”.

Muchas de vuestras historias también dejan constancia de la amabilidad de los anfitriones. Uno nunca se siente sólo durante el viaje, puedes descubrir una región gracias a los consejos de sus habitantes y sentirte realmente como en casa. Joan relata su intercambio en Martinica: “Nuestra anfitriona siempre estuvo dispuesta a ayudarnos muy amablemente cuando tuvimos que contactarla por distintas cuestiones. Nos envió un correo para simplificarnos la llegada a la casa explicándonos los detalles del funcionamiento de la casa y cuando tuve que ponerme en contacto con ella porque mi hija se puso mala, me contestó en seguida recomendándome a su médico, me envió incluso los horarios de consulta y su dirección. La verdad es que fue un plus para nosotros, ya que nos evitó el estrés de tener que buscar un médico de confianza para la niña”.

El vínculo de confianza que se crea de forma natural en los intercambios a veces supera los límites. Algunos construyen historias de amistad y viven experiencias humanas muy intensas. Nos encanta el testimonio de Bonnie, uno de nuestros embajadores americano testigo de tantas aventuras que no puede decidir cuál es su mejor recuerdo: “¿cuando un vecino de mi anfitrión me invitó a la comida de Pascua en Irlanda del Norte? ¿Conducir por los campos franceses en un descapotable que nos prestaron? ¿Ser los invitados de honor de una fiesta que organizaron los vecinos de nuestros anfitriones? ¿O cuando el vecino de otro anfitrión, que es doble de riesgo en películas, nos llevó por la autovía en Alemania conduciendo a gran velocidad?

La primera vez que hacemos un intercambio de casas a menudo nos sorprende el simple hecho de ser recibidos, algo poco común en la actualidad. Al no haber intercambio monetario, experimentamos realmente la hospitalidad en estado puro: una experiencia humana que siempre es distinta y se nutre de los pequeños detalles haciendo de nuestra estancia un recuerdo inolvidable.