En HomeExchange, nos encanta dar voz a quienes mejor pueden hablar de la experiencia: nuestros miembros. Este testimonio ha sido escrito por Elisabet, miembro de HomeExchange desde 2010, que ha realizado 400 intercambios de casa recorriendo el mundo con su familia.

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Cuando empezamos a hacer intercambio de casas hace ya más de 16 años, jamás pensamos que nos cambiaría así la vida. Por aquel entonces, la idea sonaba casi a locura para la mayoría de nuestro entorno. ¿Dejarle las llaves de nuestro hogar a unos desconocidos? ¿Alojarnos en la casa de alguien a quien jamás habíamos visto en persona? Reconozco que las dudas flotaban en el aire. Sin embargo, la curiosidad y las ganas de explorar el mundo de una forma diferente pesaron mucho más que cualquier incertidumbre inicial.

Hoy, al mirar hacia atrás con la perspectiva que da el tiempo y la experiencia, nos damos cuenta de lo lejos que nos ha llevado aquel primer paso. Hemos estado con nuestra hija en todos los continentes del mundo y hemos vivido la friolera de 400 intercambios de casas entre nuestras visitas a otras casas y las familias que se quedaron en la nuestra. Se dice pronto, pero detrás de esa cifra hay un catálogo infinito de recuerdos, anécdotas, paisajes, abrazos y aprendizajes que han moldeado por completo nuestra identidad familiar.

Haciendo memoria de las grandes vivencias que hemos tenido gracias al intercambio de casas durante tantos años, nos damos cuenta de que todo empezó con los típicos miedos de quien empieza esta "gran aventura", y ha terminado siendo, sin exagerar un ápice, nuestra auténtica "forma de vida". Lo que en su origen nació como una alternativa logística para poder viajar más y mejor, acabó convirtiéndose en una filosofía de apertura al mundo que hoy no cambiaríamos por nada.

Durante todos estos años hemos conocido gente alucinante y hemos vivido experiencias que jamás habríamos imaginado al planificar un viaje convencional. El intercambio de casas nos ha abierto puertas a momentos tan mágicos como surrealistas. Por ejemplo, hemos llegado a casarnos en Las Vegas, donde nuestros partners de intercambio se volcaron por completo con nosotros y nos ayudaron a preparar nuestra propia boda desde la distancia, cuidando cada detalle para que fuera un día inolvidable.

En otra ocasión, pasamos el día de Navidad celebrando con otros partners en Filipinas, compartiendo tradiciones, sonrisas y platos típicos bajo un clima tropical que nada tenía que ver con las Navidades a las que estábamos acostumbrados. Y no solo eso: ¡también hemos llegado a comer las uvas en la fiesta de nuestros partners con todos sus amigos en Fin de Año, nada más y nada menos que en México! Esas experiencias no se compran con dinero en ninguna agencia de viajes; son el resultado directo de la generosidad y el vínculo humano que se crea entre personas que deciden confiar mutuamente las unas en las otras.

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Descubre aquí una de las casas que acogieron a Elisabet y su familia

Además, el hecho de compartir casas nos ha enseñado a vivir los viajes de una manera completamente diferente: más lento, más local, conociendo de verdad cómo vive la gente en los lugares donde nos alojamos. Ya no viajamos para "coleccionar" monumentos a toda prisa o para tachar atracciones de una lista turística; viajamos para habitar un barrio, para comprar el pan en la panadería de la esquina, para saludar a los vecinos por la mañana y para descubrir los rincones secretos que no salen en las guías, pero que tus anfitriones te recomiendan con todo su cariño.

Somos plenamente conscientes de que no sería posible haber realizado muchos de estos viajes a nivel económico si no fuera por HomeExchange. La sostenibilidad financiera que te otorga esta modalidad es sencillamente revolucionaria para una familia. Al eliminar de la ecuación el gasto más pesado de cualquier presupuesto vacacional —el alojamiento—, el horizonte de posibilidades se multiplica exponencialmente.

Un claro ejemplo de esto ocurrió hace unos años, cuando llegamos a hospedarnos durante más de mes y medio en Australia y Nueva Zelanda. Para hacer realidad aquel sueño al otro lado del planeta, enlazamos 9 intercambios de casas seguidos en estos dos países. Dos de estos intercambios fueron en las carísimas ciudades de Sídney y Gold Coast, donde los precios de los alquileres tradicionales y de los hoteles estaban literalmente por las nubes. En condiciones normales, la factura de alojamiento para un viaje de semejante duración en destinos de ese nivel habría sido sencillamente inasumible. Sin embargo, gracias al intercambio, pudimos disfrutar de un viaje largo, tranquilo y profundamente enriquecedor sin descuadrar la economía familiar.

Pero lo que realmente resulta gratificante de todos estos 400 intercambios de casas no son solo los destinos paradisíacos o el ahorro económico. Lo verdaderamente valioso es la gente que conoces, las personas increíbles que hay detrás de cada una de esas casas, la hospitalidad desinteresada, el cariño genuino, y todos esos pequeños consejos y detalles que hacen que cada intercambio haya sido único y especial.

De estos 16 años tenemos grabados en la cabeza momentos y personas que jamás olvidaremos, rostros que ya forman parte de nuestra historia personal. Una vez, durante un intercambio de casa, la conexión con nuestros partners fue tan bonita y natural que, al enterarse de la fecha en la que estábamos, nos invitaron a su propio barco y allí celebramos juntos nuestro aniversario de boda. Nos sentimos queridos y acogidos como si fuéramos parte de su propia familia.

Esa misma cercanía ha dejado marcas imborrables en nuestra hija, quien ha crecido educándose en valores como la confianza, el respeto por lo ajeno y el amor por los animales y la diversidad cultural. En otra ocasión, ella se encariñó profundamente de un gatito en un apartamento de intercambio en Madrid. Conectó tanto con la mascota que no dudamos en volver a ese mismo apartamento en 4 ocasiones más a lo largo del tiempo, solo para disfrutar de la compañía de aquella bonita gatita.

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Descubre aquí una de las casas que acogieron a Elisabet y su familia

Cuando el animalito murió y nos enteramos de la noticia, mi hija se puso francamente triste... ella sentía un verdadero cariño por aquel animal que la había acompañado durante varias etapas de su infancia. Con el tiempo adoptamos a una gatita en nuestra propia casa, pero aquella gatita que conocimos en aquel piso de Madrid estará siempre guardada en un lugar muy especial de nuestro corazón. Son este tipo de vivencias, aparentemente pequeñas pero llenas de sensibilidad, las que convierten una simple estancia en un recuerdo para toda la vida.

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Mirando hacia el futuro, creemos firmemente que todas estas anécdotas, aprendizajes y experiencias han hecho que el intercambio de casas ya forme parte indisoluble de nuestra vida. Nos ha cambiado las gafas con las que miramos el mundo y la forma en que nos relacionamos con los demás.

A día de hoy, ya no sabemos viajar si no es de esta manera. La idea de encerrarnos en una habitación de hotel impersonal se nos hace lejana e incompleta. HomeExchange entró hace 16 años en nuestra vida como una prueba tímida, y después de 400 intercambios de casas llenos de magia, emociones y personas inolvidables... ¡tenemos claro que se queda con nosotros para siempre!

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Conoce más sobre nuestros miembros:
- Casa de Elisabet, miembro desde 2010, 400 intercambios