En HomeExchange, nos encanta dar voz a quienes mejor pueden hablar de la experiencia: nuestros miembros. Hoy le damos la palabra a Paco y Susana, embajadores de HomeExchange y miembros desde 2014, que eligieron la Patagonia para vivir una luna de miel marcada por completo por el intercambio de casas.

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Cuando le contamos a la gente que nuestra luna de miel iba a ser de intercambio de casas, la reacción casi siempre era la misma: sorpresa, curiosidad… y alguna ceja levantada. «¿Pero no es una ocasión especial para ir a hoteles?», nos preguntaban.

Y sí, lo era. Precisamente por eso lo tuvimos claro desde el principio.

Queríamos un viaje especial, pero no solo por los paisajes. Queríamos sentirnos parte de los lugares que visitábamos, vivirlos desde dentro, aunque fuera por unos días. Queríamos tiempo, calma y cotidianidad. Y ahí es donde HomeExchange encajó a la perfección.

Nuestra ruta fue intensa y preciosa: Ushuaia (una semana), El Chaltén (4 días), El Calafate (3 días), Puerto Natales (4 días) y Santiago de Chile (2 noches).

En todos los destinos nos alojamos en casas de intercambio. Y en todos, la experiencia fue mucho más allá de tener un sitio donde dormir.

Ushuaia: cuando un horno te regala amigos

Ushuaia fue nuestro primer gran hogar en la Patagonia… y el lugar donde entendimos que este viaje iba a ser distinto.

Nada más llegar no sabíamos enchufar el horno de la casa y le pedimos ayuda a los vecinos. Lo que parecía una tontería técnica acabó convirtiéndose en algo enorme: gracias a eso conocimos a Nico y Yami. De ayudarnos con el horno pasamos a compartir conversaciones, paseos, cervezas artesanas y, sin darnos casi cuenta, la Nochevieja juntos.

Nos llevaron a descubrir naturaleza que no aparece en las guías, cervecerías locales, rincones tranquilos para sentarte con un refresco y simplemente mirar. También nos mostraron la vida real de la ciudad: ir al cine, caminar sin prisas, hablar de educación, de viajes, de futuro. Incluso tuvimos la oportunidad de visitar una escuela y plantearnos colaborar como voluntarios en otra ocasión.

No fue solo nutrirnos de paisajes espectaculares. Fue empaparnos de cultura, de personas y de una forma de vivir. Hoy seguimos en contacto y ya estamos preparando su visita a España. Así de caprichosa es la vida.

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Descubre aquí una de las casas que acogieron a Paco y Susana

El Chaltén: caminar despacio y conocer a quienes sostienen el pueblo

En El Chaltén, el ritmo cambia. Es un pueblo pequeño, rodeado de montañas que imponen respeto, y donde la vida se vive de otra manera. Allí nos alojamos en la casa de Manu, que no solo nos abrió su hogar, sino también su día a día.

Gracias a él entendimos cómo es vivir en un lugar remoto, qué supone el invierno, cómo se organiza el pueblo y, sobre todo, cómo disfrutar de las caminatas con cabeza: cuándo salir, por dónde ir, cuándo parar. Sus recomendaciones marcaron la diferencia en nuestras rutas.

Y luego está la anécdota que nunca olvidaremos: pinchamos una rueda… y gracias a Manu acabamos conociendo al último gomero del pueblo. Sí, el último. Una de esas personas que mantienen viva la esencia del lugar. Momentos que no se planifican y que solo pasan cuando estás ahí el tiempo suficiente y conectado con la gente.

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Descubre aquí una de las casas que acogieron a Paco y Susana

El Calafate: desayunos que saben a historia

En El Calafate nos esperaba Bonny. Y con ella, algo tan sencillo y tan especial como desayunos únicos y caseros.

Cada mañana era un regalo: productos caseros de su cafetería-panadería, conversaciones tranquilas y relatos de vida. Nos habló de su historia, de la de su marido, de cómo había llegado hasta allí, de los esfuerzos y las ilusiones que hay detrás de cada pequeño negocio local.

Sentarte a desayunar en una casa, escuchar historias reales y saborear productos hechos con cariño te conecta con el lugar de una forma muy distinta. Desde aquí solo podemos desear que su cafetería-panadería siga creciendo y yéndole genial, porque personas así lo merecen.

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Puerto Natales y Santiago: música, barrios y recomendaciones honestas

En Puerto Natales volvimos a sentir esa mezcla perfecta entre hogar y aventura. Tener una casa a la que volver después de un día de naturaleza, cocinar algo sencillo, descansar de verdad… eso también forma parte del viaje.

Y finalmente, Santiago de Chile. Allí descubrimos un barrio lleno de música, vida y buen ambiente. Comida chilena deliciosa, recomendaciones sinceras sobre qué visitar y qué no, paseos sin prisas y la sensación de estar en una ciudad grande, pero vivida desde dentro.

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Más que casas: una forma de viajar

Mirando atrás, nos damos cuenta de que esta luna de miel no fue solo un viaje. Fue una suma de personas, momentos y aprendizajes. Dormimos en casas, sí. Pero también compartimos mesas, historias, risas, problemas pequeños y soluciones grandes.

HomeExchange nos permitió algo que para nosotros ya es imprescindible al viajar: sentirnos parte del lugar, aunque sepamos que estamos de paso. Alargar estancias, vivir barrios, conocer a quienes los habitan y volver a casa con amigos nuevos repartidos por el mundo.

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Conoce más sobre nuestros miembros:
- Casa de Paco y Susana, miembros desde 2014, 58 intercambios